La violencia sexual es más que números, son nombres y caras

En 2004 fui consejera de niñas y adolescentes sobrevivientes de abuso sexual que vivían en un refugio después de ser abandonadas o trasladadas de sus casa debido al abuso. Este refugio estaba ubicado en un barrio adinerado de Guadalajara, México y los vecinos estaban molestos y querían remover este lugar no sólo porque la casa no estaba en muy buenas condiciones debido a que tenían poco dinero disponible para mantener a las niñas, si no también porque eran niñas de clase baja que habían sido abusadas sexualmente y estos “casos raros” eran una vergüenza y no daban una buena imagen a la zona.

En ese momento, abrumada por la injusticia, me di cuenta que la violencia doméstica y sexual son el primer encuentro que tienen muchos niños y niñas con la opresión y el trauma; y por ende es un problema social que hay que erradicar si de verdad queremos crear un mundo mejor. Sin embargo, la violencia sexual es un tabú y nadie quiere hablar del tema. Ni el gobierno, ni los medios de comunicación, ni los/as maestros/as, ni las madres y padres, lo que genera un continuo velo de ignorancia que refuerza los mismos mitos y estereotipos que permiten que esto suceda y que se re-victimice a las y los sobrevivientes una y otra vez.

En aquella época, debido a ese tabú, no sabía ni entendía sobre el tema así como lo comprendo hoy. Ni siquiera era consciente que yo también era una sobreviviente de abuso sexual infantil. Mi memoria lo bloqueó por más de 20 años y el proceso de sanación por el que he pasado me ha llevado a alzar mi voz para decir que la violencia sexual es más que números, son nombres y caras. Describir el miedo, vergüenza, culpa, desesperanza y dolor que las y los sobrevivientes sufren merece más que un artículo. Honro su (nuestra) increíble fuerza y valor intentando crear conciencia a través de estas líneas.

Una de las consecuencias de esta ignorancia comienza con una simple afirmación: nadie sabe exactamente qué es. La violencia sexual es una epidemia silenciosa global que se basa en el abuso de poder y control y que tiene sus raíces en la cultura patriarcal. También es la causa y consecuencia de muchos problemas sociales. El sexismo, racismo, clasismo y otros fenómenos de opresión están conectados inextricablemente y se aúnan a la violencia sexual en muchos contextos. También es un crimen y un serio problema de salud pública y de derechos humanos con consecuencias a corto y largo plazo en la salud física, mental, emocional, sexual y reproductiva… es una experiencia realmente dolorosa y violenta para la/el sobreviviente, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

La coalición Rape Crisis England and Wales es una red de centros independientes de crisis por violación y define la violencia sexual de una manera muy precisa, como cualquier acto o actividad sexual no deseado – o contra la voluntad o sin el consentimiento de la persona-. Hay muchos tipos de violencia sexual, incluyendo sin limitarse a: violación, asalto sexual, abuso sexual infantil, acoso sexual, violación dentro del matrimonio/relaciones, matrimonio obligado, la llamada violencia de honor, mutilación genital femenina, trata de persona, explotación sexual, y abuso por rituales. La violencia sexual la puede cometer un perfecto extraño, o alguien que conoces y en quien incluso confías, como un amigo/a, colega, miembro de la familia, pareja o ex parejaCualquiera persona puede ser violentada sexualmente (sin importar la raza, etnia, clase social, orientación sexual, edad, identidad de género, etcétera). Nadie lo merece o pide que le pase. El agresor es 100% responsable de cualquier acto de violencia sexual. No hay ninguna excusa con la que pueda justificarse y no existe ningún contexto en que sea válida, comprensible o aceptable.

Cada cuatro minutos una persona en México es violentada sexualmente y cada dos en los Estados Unidos. Una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños son abusados sexualmente antes de cumplir los 18 años. Especialistas en atención directa calculan que la cifra real es de una de cada tres niñas y niños por igual

Un nuevo reporte Violación y Asalto Sexual: Un nuevo llamado a actuar lanzado en enero de 2014 por el Consejo de la Casa Blanca sobre Niñas y Mujeres ofrece una visión general del problema: Las mujeres y las niñas son la gran mayoría de las victimas: cerca de 1 en 5 mujeres… y 1 en 71 hombres… han sido violadas/os en su vida. La mayoría de las víctimas conocen a sus agresores. La gran mayoría (casi el 98%) de los agresores son hombres. La gente joven corre el mayor riesgo: casi la mitad de las mujeres sobrevivientes fueron violadas antes de los 18, y más de un cuarto de los hombres sobrevivientes fueron violados antes de los 10. La re-victimización es común: más de un tercio de las mujeres que fueron violadas de niñas son violadas también en edad adulta. Otras poblaciones también corren un riesgo mayor… incluyendo la gente con discapacidades, la comunidad LGBTQ, los y las presos/as… los y las indigentes” y las y los migrantes indocumentadas/os. La violación es el segundo crimen más caro después del asesinato “… Los estudios indican que los costos son elevados…oscilan entre $87,000 y $240,776 dólares por violación.”

Las estadísticas de los Estados Unidos reflejan la situación de violencia sexual alrededor del mundo: existe poca investigación al respecto y la información que se tiene proviene de fuentes como reportes policiales, datos de hospitales y de organizaciones no gubernamentales que no reflejan la atroz realidad. Debido al estigma y a la tendencia social de culpabilizar a las o los sobrevivientes, la violencia sexual es uno de los crímenes menos reportados y, aún cuando es reportado, solo el 3% de los agresores terminan en la cárcel. En algunos países, como México y otros de Latinoamérica, los números son similares o peores y es incluso más difícil conseguir indicadores.

México es el número uno en violencia sexual contra las mujeres de acuerdo a una investigación comparativa de la Organización de Naciones Unidas en 2010 con 44% de mujeres violadas y seguido por Costa Rica con 41%, la República Checa 35% y Dinamarca 28%. En Nicaragua, las niñas menores de 19 años violadas representan el 50% de los casos de embarazo registrados (Departamento de Salud). En Argentina, el 54% de las terapias psicológicas se relacionan con abuso sexual o incesto (Red en Lucha contra la violencia, abuso y trata). Y en Bolivia, solo el 4% de las demandas terminan en sentencia para el agresor (Defensoría del Pueblo).

A pesar de las cifras devastadoras, casi no existen organizaciones locales que trabajen en prevención y sólo hay unas pocas que están saturadas tratando de atender a las y los sobrevivientes. Las leyes están muy bien escritas pero debido a la falta de voluntad política no han sido convertidas en políticas públicas efectivas. Esto a su vez refuerza el contexto político de ausencia de estadísticas confiables y consistentes, la insuficiente atención a sobrevivientes, presupuestos insignificantes para la prevención (incluyendo opciones de tratamientos para los violadores), y la pérdida de esperanza de los y las sobrevivientes para obtener acceso a la justicia.

Para terminar con la violencia sexual, sus causas y consecuencias, se necesita un enfoque integral en el que todos y todas estén involucrados. No solo debemos construir un sistema de atención interdisciplinaria y de calidad para los y las sobrevivientes y sus familias, sino también debemos generar estrategias de prevención que sean sustentables a largo plazo, y que estén basadas en cambiar las normas sociales que perpetúan la violencia sexual. Los gobiernos deben asumir su responsabilidad para terminar con la impunidad criminal que se genera de la tolerancia política y social a este problema.

Sin embargo, existe un poco de esperanza. En 2007, El Departamento de Salud de Nueva York reconoció a la violencia sexual como un problema de salud pública y comenzó a asignar un presupuesto para enfocarse no solo en apoyar a las y los sobrevivientes sino también para la prevención primaria. A pesar que actualmente se está luchando por la reducción de fondos, el estado tiene un Programa de Violencia Doméstica y Crisis por Violación en prácticamente todos los hospitales de la ciudad que ofrecen buenos servicios de atención, una red voluntaria de defensoría y acompañamiento para sobrevivientes, terapia grupal o individual gratuita y programas de prevención primaria. Asimismo, se invierte mucho esfuerzo en la continua sensibilización de policías, jueces, médicos y especialistas de atención directa así como en eventos y actividades para crear conciencia en la sociedad. En Nueva York ya existe este modelo interdisciplinario que, aunque tiene mucho por mejorar, en verdad funciona y, a pesar de no ser suficiente pues las cifras siguen siendo altas como en todos lados del mundo, existe mayor conciencia sobre el tema y las personas tiene más oportunidades para encontrar recursos que puedan ayudarles a hacer que esa terrible experiencia sea menos dolorosa y poder moverse de víctima a sobreviviente.

Necesitamos detener esta epidemia que pasa de generación en generación. Debemos ROMPER EL SILENCIO para comenzar el proceso de sanación en nuestras comunidades: por las y los sobrevivientes, por las y los que ya no están aquí y por las y los que tristemente están por venir. Es sólo a través de este proceso de sanación que podemos empezar a construir un cambio social duradero.